domingo, diciembre 24, 2006

Kafka

Hay un cuento de Franz Kafka llamado "Un artista del hambre". En dicho relato el protagonista es un ayunador que se mantiene días y meses sin probar bocado. A continuación un extracto del análisis que Lilian Elphick hace de éste y otros textos en el diario electrónico La Insignia:

""Una jaula salió en busca de un pájaro" (Ein Käfíg ging einen Vogel suchen), dice Kafka en la colección de aforismos titulado "Consideraciones sobre el pecado, el dolor, la esperanza y el camino verdadero". La jaula ya encontró a un pájaro esquelético en "Un artista del hambre", (...) el ayunador comienza a hacerse invisible hasta la auto inmolación: es sólo un podrido montón de paja y será enterrado con esa cobija natural a su muerte (...) sin embargo, por el solo hecho de pedir perdón, él muere como artista. Ha llevado su arte hasta las últimas consecuencias. El hecho de morir por, para y en el arte lo redime y lo dignifica.

Kafka escribió en su Diario el 15 de diciembre de 1910 : "[…] soy de piedra, soy como mi propia piedra sepulcral" (...) Kafka quiso dedicarse sólo a la literatura, separándose de la sociedad: "Sólo soy literatura y no puedo ni quiero ser otra cosa", nos dice en su Diario.

Kafka ni el ayunador o el trapecista (personajes de sus relatos) logran el acceso a lo divino, están encerrados en un cuerpo humano.

"Admitamos que para Kafka escribir no sea cuestión estética, que su perspectiva sea, no la creación de una obra literariamente válida, sino su salvación…", dice Maurice Blanchot.

Kafka quiso ser un espíritu libre, no le interesó el matrimonio y rechazó la carne, en todas sus acepciones: "Intrépido, desnudo, poderoso, sorprendente como no suelo serlo sino cuando escribo." (Blanchot . 1993 : 105). La literatura le da poder, pero también lo sumerge de soledad.

A su vez, Kafka interpreta su tuberculosis a la laringe como "resultado de un conflicto psíquico" ligado a la larga crisis de su noviazgo: "A veces tengo la impresión de que mi cerebro y mis pulmones han concluido algún pacto a mis espaldas. 'Eso no puede seguir así', ha dicho el cerebro y, al cabo de cinco años, los pulmones se han declarado dispuestos a ayudarlo." Carta a Brod, septiembre de 1917.

Lo cierto es que Kafka escribe hasta el último día de su vida, entregado al servicio de la literatura. Este compromiso con el arte -que incluye algo tan humano como la duda existencial acerca de sí mismo y de su obra - lo convierten en un escritor universal. Como dice Camus , "nos transporta a los confines del pensamiento humano". Intrépido y desnudo, así enfrenta Franz Kafka a la vida y a la muerte."