miércoles, marzo 07, 2007

X

Ya estaba tan cansado, tan cansado que mis pies parecían pegados al suelo, pero, aunque me dolía el cuello, alcé la vista y vi a dos aves conversando…

- Si tienes el valor, hazlo.
- No quiero, no puedo, no sé cómo hacerlo.
- Solamente tienes que acercarte a un parque, te atrapan, te parten el cuello, te cocinan y te comen.
- Suena feo
- Así es la vida.

Se le había ocurrido morir. Pero no pudo hacerlo. Ni siquiera pudo arrastrarse hasta el bajo rugoso cable de madera. Finalmente se instaló en una caída lenta pero segura en la cual un agua verde le alimentó.

Desinstaló la soga de la rama (ya se había despertado del sueño y ya no le dolía el cuello; ya volvió a ser un hombre) para volverse parte del árbol, luego murió.