jueves, diciembre 28, 2006

Cuento soñoliento

Ya van dos veces que sueño lo mismo: unos tigres, panteras y leones fuera de sus jaulas en un zoológico donde la gente no puede huir porque el miedo paraliza sus extremidades. Solo yo pude articular un movimiento: le rasqué el pescuezo a un felino cuasiblanco cuando se me acercó, lo hice con un cartón largo que llevaba no sé porqué. Así el felino se mantuvo a cierta distancia de mi temerosa carne.
Poco a poco los animales se fueron volviendo mansos (al menos en la mente de los aterrados espectadores) y paseaban sosegadamente a través de los arbustos del parque, quizá disfrutando del espectáculo que era ver a los miembros de mi especie en nuestro estado natural.